Pensó tarde y el reloj no supo perdonarle la insolencia. El recuerdo se desvanecía en el horizonte, el silencio se transformó en verbo existencial... Desde aquel día ya nada volvió a ser lo mismo.
El calor, no daba tregua y el camino seguía siendo el destino perfecto para salir de una zancadilla mal engendrada.
Vamos a no poner piedras en él, para seguir adelante en las mejores condiciones.
Cosas de Lola
